[Entrevista] “Ayudamos a pequeños destinos sin recursos pero que tienen algo interesante para mostrar”
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Emprendedor y creador de co-LABtur, proyecto premiado por el Ministerio de Turismo de Argentina a través del concurso “Innovar para Viajar”
INTRO
ㅇNombre: Leandro Víctor Choi
ㅇEdad: 31 años
ㅇLugar de residencia: Esquel, provincia de Chubut
ㅇFamilia: Hijo de Choi Byungki y madre argentina, Teo Silvero. Dos hermanos mayores.
Leandro, contanos un poco de tu familia y tu infancia.
Mi padre es coreano y mi madre es Argentina. Mi papá vino al país en el ‘78 o ‘79, con 22 años aproximadamente. Conoció a mi mamá en Buenos Aires, donde nacimos mis hermanos y yo. Cuando yo tenía un año, mi papá estaba viajando por el país y encuentra este pueblito llamado Esquel, cerca de Bariloche, pero que recién estaba empezando a crecer. Le vio cierto potencial por la actividad agropecuaria y turística, además no tenía tantos comercios. Entonces dijo que ese era el lugar para crecer y desarrollarse económicamente, por lo que se tomó la decisión familiar de mejorar nuestras condiciones de vida y nos mudamos allí. Llegamos en La Trochita cuando era un tren de transporte de pasajeros. Hablo muy poco coreano aunque entiendo todo. En casa no se hablaba mucho, más aun estando en ese pueblo donde éramos los únicos coreanos en cientos de kilómetros a la redonda.
¿Tu padre fue una figura determinante para tu desarrollo profesional?
Algo que tomé de mi padre es la inquietud, la búsqueda por estar siempre haciendo algo y hacerlo bien, sin dejar cosas por la mitad. Y algo que también creo que nos marcó mucho como familia fue que empezamos de muy abajo, construyendo de a poco. Cuando estábamos más o menos bien teníamos un local, uno de los más grandes del pueblo. Recuerdo que a mis siete años, durante unas Pascuas, salimos de la Iglesia y vimos humo negro que venía del centro. Era nuestro local que se estaba prendiendo fuego. No teníamos seguro, así que fue empezar desde menos diez, ¡ni siquiera desde cero! Otra lección aprendida de mi padre fue “dejar los huevos en distintas canastas”. Mi papá empezó a poner negocios en diferentes áreas de la Patagonia y se expandió a distintos rubros como electrónica, cría de peces, hotelería y transporte. Desde chico me crié ayudando en un negocio como muchos chicos coreanos, lo cual era bastante sacrificado. A veces salía de la escuela y con mis 15 años tenía que hacer repartos en una camioneta toda destartalada entre las montañas. También me marcó mucho que aproximadamente a esa edad fui a Australia por un intercambio cuando en realidad me tendría que haber ido de mucho más grande. Todos los otros chicos de Argentina que iban tenían 17 o 18 años. Aunque parezca poca diferencia de edad, la madurez se evidencia mucho.
¿Cómo apareció tu interés puntual por el turismo?
Al terminar la escuela en Esquel me vine a Buenos Aires a estudiar administración en la UBA y turismo en la UADE. Mientras estudiaba administración no tenía muy en claro lo que quería hacer, en cambio empecé a estudiar turismo porque me gustaba esa característica de ser una actividad transversal con la posibilidad de ayudar a la gente. Al vivir en un pueblo tan pequeño esto se veía mucho. Por ejemplo, si tocaba una mala temporada a la madre peluquera de un amigo no le iba bien. O si había una temporada con casos de hantavirus, los turistas no iban, por lo tanto no entraba plata a la ciudad. Creo que fue en una de las primeras clases de la facultad cuando nos pusieron la filmina de la definición del turismo según la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas. Me llamó mucho la atención eso que vi en pantalla. Me explicaron que esta organización era el gobierno de gobiernos en turismo, que brinda las grandes definiciones y tendencias de lo que es la actividad turística y que aboga por el turismo responsable y accesible. Volví a mi casa, me puse a investigar y sin darme cuenta me había fijado un objetivo: quería trabajar en ese lugar. El tema era que había miles de chicos más que querían hacer lo mismo. No era algo fácil, pero ya lo tenía en mente y me repetía que cuando tuviera 30 o 40 años iba a llegar de alguna manera. Seguí con mis estudios y tuve distintos trabajos durante ese tiempo como cadete, telemarketer, mozo… y cada una fue una experiencia particular que no me apasionaba pero que ayudaba a pagar las cuentas. También fui profesor particular para chicos de primaria, con lo que me iba bastante bien. En un momento hice un viaje recorriendo seis países de Latinoamérica y eso me despertó… ¿qué había pasado con la idea que tenía de trabajar en la OMT? Ahora ni siquiera estaba trabajando en turismo. Entonces dejé la zona de confort y renuncié sin tener algo fijo. Empecé a investigar cómo era la gente que trabajaba en la OMT, qué conocimientos tenían y los temas de tendencia. Por aquel entonces, el Ministerio de Turismo, que en ese momento era Secretaría, hace un llamado para colaboradores ad honorem. Éramos muchos postulantes para solo tres puestos y quedé por la experiencia de telemarketer y cadete… ¡por lo que al final esos trabajos me sirvieron! La verdad es que el puesto era muy aburrido, pero quería quedar bien parado. Los otros dos chicos que entraron conmigo renunciaron a la semana y me quedé con la carga de ellos haciendo llamados. Cuando terminó esa prueba no me tomaron para entrar oficialmente, me decían que no había cupo, pero la diferencia es que ahora me conocían, yo los conocía a ellos y tenía sus contactos. Me puse en la cabeza que tenía que entrar a trabajar ahí. Les escribía un mail por semana, les mandaba artículos de interés… estuve alrededor de seis meses insistiendo y creo que por cansancio me terminaron diciendo que había un puesto abierto para que me presentara, en el cual quedé. Al llegar el primer día pregunté con muchas ganas qué tenía que hacer y me llevan a un cuarto enorme, sucio y desordenado, con estantes desde el piso hasta el techo llenos de biblioratos. Me dijeron que lo ordenara sin prisa, pero en cuatro días había terminado y no lo podían creer. Pregunté qué más tenía que hacer y los dejé atónitos, no lo habían previsto. Me dieron otra actividad registrando salidas e ingresos de archivos, pero pronto me doy cuenta de que había un escritorio siempre vacío con una pila de carpetas encima. Era un trámite que solía hacer una abogada que ya no trabajaba allí y que nadie más quería agarrar, relacionado al cambio de titularidad de agencias de viajes. Pedí encargarme, la primera vez que lo hice me costó mucho pero luego se volvió algo operativo. Entonces me aburrí de vuelta.
¡Eras una persona muy inquieta! ¿Llegaste finalmente a la OMT?
Bueno, la cuestión es que había programas que estaban sin atender dentro del Ministerio referentes al turismo receptivo chino. Las agencias de viajes tenían que cumplimentar con ciertas reglas para recibir a estos turistas, había que hacer un registro y el trámite había quedado en el limbo. Tomé el caso, puse al día todos los trámites administrativos y después también me di cuenta de que las agencias de viajes tenían problemas y particularidades que nadie había atendido. Me empecé a reunir con ellas, con Cámaras y referentes, y fui armando un esbozo de la realidad del turismo chino en Argentina. Al tiempo me llega un mail de la Secretaría Privada del Ministro diciendo que el Ministro de Turismo de China venía con sus cuatro secretarios y que querían que yo estuviera en la reunión. ¡No lo podía creer! Sin darme cuenta me había convertido en un experto en el tema. Luego de esa reunión me invitaron a Shanghai y Beijing, y a la semana de regresar me llamaron del INPROTUR*, pidiéndome que fuera a la Expo Yeosu en Corea. Allí fui el coordinador del pabellón turístico argentino. Fue una experiencia muy linda que me permitió trabajar con funcionarios de distintas áreas y gente de todo el mundo. En ese momento estaba un poco creído porque había llegado a trabajar en el Ministerio y participaba de un viaje increíble… pero en la Expo conocí chicos, algunos más jóvenes que yo, que habían cursado maestrías o tenían grandes cargos. Todo eso me bajó de un hondazo a la realidad y entendí que tenía que mejorar. Al volver me concentré en hacer cursos de perfeccionamiento en turismo en diferentes países como Taiwán, España, Corea y Estados Unidos. Este último fue muy importante porque además de ser de renombre lo dictaba un señor que era considerado la figura más importante del turismo en Estados Unidos. El primer día de clases, durante el coffee break, me le acerqué elogiando su trabajo como asesor del Secretario General de la OMT y además le mencioné que me encantaría trabajar ahí. Me cuenta que había una convocatoria abierta y que me podía contactar. Ese mismo día tuve tres entrevistas por Skype y me confirmaron que tenía el puesto, pero que debía comenzar antes de que terminara el mes. Cuando terminé el curso, volví y tuve una semana y media para tomar la decisión de volver a irme o quedarme. Era mi gran sueño, por lo que me fui a España a vivir y trabajar en la OMT. Lo cierto es que había idealizado mucho a la organización, así que cuando llegué me decepcioné un poco por la burocracia. De todas maneras, fue una muy buena experiencia. Con el paso del tiempo entendí que había llegado a un tope de crecimiento profesional allí y di otro salto al vacío. Estaban por operar a mi padre de los ojos con peligro de perder la vista, entonces regresé y me quedé.
¿Cómo concebiste la idea de co-LABtur? ¿Cómo describirías el proyecto y su objetivo?
Cuando volví a la Argentina me ofrecieron trabajo en una consultora. Atendí temas de relaciones internacionales y turismo y generé un buen vínculo con los directivos de esta empresa, quedando como coordinador general. En esta etapa aprendí mucho de planificación y desarrollo, que es algo que siempre me había interesado, pero en 2016 entré en una nueva meseta profesional y ahí es cuando surge co-LABtur. Aunque usualmente la gente nos identifica a quienes estudiamos turismo con trabajos en hoteles o en agencias de viajes, lo cierto es que la universidad nos prepara para planificar destinos turísticos. La actividad turística no es solo para el visitante sino que debe estar anclada a procesos que permitan mejorar la condición de vida de la población local. Hay que pensar soluciones para que la actividad turística en un pueblo se desarrolle de manera ordenada, que aporte económicamente pero que no afecta la vida diaria del habitante. Entonces existe por un lado este problema que tienen los destinos y por otro lado el que tenemos nosotros, la gente de turismo, de trabajar o insertarnos en una actividad no tradicional poniendo en valor nuestros conocimientos. Co-LABtur es una solución a esas dos cuestiones. Ayudamos a pequeños destinos, sin recursos financieros o humanos para desarrollar el turismo, pero que tienen algo interesante para mostrar como una fiesta popular, una laguna, un bosque o un sendero. Aunque también ayudamos a destinos maduros a los que les haya ido mal, por ejemplo, porque sufrieron desastres naturales. Cuando pasa algo en una nación todos quieren ir a ayudar, pero el problema de los destinos es que cuando pasan dos o tres meses y la ayuda no llega más hay que levantarlo. Ahí es cuando entramos a ayudar mediante la actividad turística como reactivación económica.
¿Cómo se seleccionan los destinos que participan de co-LABtur? ¿Cómo funciona la plataforma?
Es una plataforma que recién empieza, por lo que conseguir el primer destino fue muy difícil. Imaginate llegar al intendente de un pueblo, decirle que íbamos con chicos a colaborar en la promoción del turismo de su ciudad y que además no se le iba a cobrar por eso. Esto los llevaba a pensar que por ser gratis se iba a realizar un trabajo pésimo. Por eso fue desafiante al principio, pero por suerte pasamos las primeras pruebas de fuego que te generan una buena referencia. Empezamos identificando tres lugares potenciales a los que nos gustaría ir y en los tres nos fue bien. Luego, los propios intendentes pedían que fuéramos a ayudar al pueblo vecino, y así... Otra cosa muy interesante es que la gente que colabora dentro de la estructura es gente de todo el país, una red. Hay muchos chicos estudiando en Buenos Aires, pero en realidad son de otros pueblos, entonces se entusiasman y te dicen que vayamos al pueblo de cada uno. Ese mínimo esfuerzo nos llenó de trabajo para el 2018. Una consultora tradicional hace cuatro o cinco trabajos al año, ¡nosotros en la primera parte del año ya tenemos 18 destinos confirmados! En cuanto a quiénes se pueden integrar a co-LABtur, como se trata de un laboratorio de innovación social, funciona como una plataforma que convoca personas con distinto tipo de expertise y que brindan una solución a un problema determinado. La particularidad que tiene en esta instancia inicial es su enfoque en temas de turismo, por lo que la mayoría de personas y profesionales que se suman están vinculadas a dicha industria. La idea es ir abarcando un poco más y permitir que profesionales de distintas ramas se acerquen. El gran sueño es hacer un plan de ordenamiento territorial, sin dudas un trabajo muy difícil y que necesita el expertise de mucha gente. Hoy por hoy estamos haciendo estrategias y planes de marketing, entre otras cuestiones relacionadas.
Recientemente co-LABtur obtuvo un premio importante del Ministerio de Turismo. ¿Cuál es la perspectiva a partir de este galardón?
El concurso “Innovar para Viajar” del Ministerio de Turismo tenía dos grandes categorías, ideas y proyectos. El mío era un proyecto y no estaba activo cuando lo inscribí. Sin embargo, pocos meses después ya teníamos rodaje en territorio y estaba comprobado el funcionamiento. Parte de la presentación al concurso era justificar por qué necesitabas el dinero del premio y cómo lo ibas a utilizar en el proyecto. Debía demostrarse, en cierta manera, que iba a ser destinado para una inversión en la plataforma y no para pagar sueldos. La verdad es que si lo utilizara para sueldos no duraría más de medio año. En nuestro caso, utilizaremos ese premio para mejorar nuestro sistema informático y permitir el trabajo colaborativo. Hoy por hoy estamos trabajando con grupos de Facebook, WhatsApp, emails o reuniones personales. De esta forma, podemos trabajar sobre tres o cuatro destinos turísticos simultáneamente, pero cuando agarro el teléfono o abro las redes sociales tengo miles de mensajes sin leer… El día de mañana, si trabajamos 10 destinos en simultáneo, va a ser imposible. Por eso vamos a ordenarnos mediante la tecnología. Además de esto, el dinero se va a utilizar como promoción y para institucionalizar la plataforma, ya que en la medida en que generemos más confianza vamos a poder sumar más colaboradores y llegar a más destinos. Actualmente somos siete personas fijas más los colaboradores en red. Por último, con el dinero del premio también buscamos fortalecer la parte operativa en territorio.
En base a toda esta experiencia, ¿qué consejos podrías darles a los jóvenes coreanos que te están leyendo?
Creo que, en primer término, el sacrificio es muy importante. No van a llegar las cosas que uno quiere solamente con desearlo. Lo más importante es que uno defina qué es lo que le gusta hacer, cuál es su propósito y qué los moviliza. No podés hacer algo bien si no te gusta. Si luchás por obtenerlo no solo lo vas a conseguir, sino que te va a salir bien. Hay que ser insistente y hacerse valer.
* Instituto Nacional de Promoción Turística.
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