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No son Mujeres sin confort sino Esclavas Sexuales

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Por Dra. María del Pilar Álvarez
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Licenciada en Ciencia Política y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Realizó estudios de idioma coreano y la Maestría en Estudios de Corea en la Universidad Yonsei en Seúl donde vivió seis años. Actualmente se desempeña como Investigadora Asistente del CONICET, profesora de historia y política del Este de Asia en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Universidad del Salvador (USAL) y la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). En el Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales (IDICSO-UNIDAD ASOCIADA AL CONICET) de la USAL dirige el Programa de Estudios sobre Corea. 


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“Recuerdo que fue un día de primavera de 1940. Yo tenía sólo 14 años y vivía en el campo con mis padres. Un soldado japonés entro a mi casa y le dijo a mi madre que debían enviarme a trabajar a las fábricas que producían uniformes militares. Si no lo hacían, los iban a acusar de traidores. Mi madre, apenada, me dejo ir. Nunca imaginé lo que me iba pasar. ¿Cómo imaginarlo? Llegué a Guangdong convencida de que me mandarían a una fábrica a trabajar. Pero cuando me pusieron junto a otras jóvenes coreanas en una sala médica para ser examinadas temí lo peor. Ese día comenzó mi pesadilla. Tenía tanto miedo que intenté escaparme. No pude. Me golpearon, me encerraron en un cuarto pequeño sin ventanas, me dieron un número y me obligaron a recibir más de 15 soldados por día. Mi cuerpo aún está cubierto de heridas. No puedo digerir bien el arroz ni los medicamentos. Tampoco pude casarme ni tener hijos. ¿Por qué hicieron mi vida tan miserable?”
En octubre de 2017 tuve la oportunidad de entrevistar a Kim Bok Dong, una víctima surcoreana de la esclavitud sexual de la armada imperial de Japón. Su relato es una de las tantas historias del horror que vivieron las más de 200 000 mujeres coreanas, chinas, malayas, taiwanesas, holandesas, indonesias, filipinas y hasta japonesas durante la época de expansionismo militar de Japón en Asia (1931-1945). La liberación, el 15 de agosto de 1945, no puedo liberarlas del trauma vivido. Subsumidas en el dolor y la pobreza, las sobrevivientes coreanas intentaron rehacer sus vidas. Algunas pudieron volver a sus pueblos de origen, otras se quedaron en los países a los que habían sido trasladadas. Muy pocas encontraron la contención de un buen hombre y se casaron; la mayoría prefirió evitar el contacto íntimo. Quienes se casaron, en general, tuvieron que adoptar hijos porque sus cuerpos ultrajados y lastimados no podían reproducir. Ninguna de ellas pudo olvidar y sin embargo tuvieron que esperar 45 años para poder hablar.
El 16 de noviembre de 1990 dos profesoras universitarias cristianas(이화여자대학교), Yun Ching Ok y Lee Hyo Chae, fundaron una organización para investigar, identificar a las víctimas y denunciar el caso de las “mujeres de confort” (위안부 - 慰安婦) durante la ocupación japonesa denominada 한국정신대문제대책협의회 (más conocida como 정대협). En 14 de agosto de 1991, esta organización junto a otras asociaciones de la mujer surcoreanas y grupos feministas japoneses lograron que Kim Hak Soon, una víctima coreana, diera testimonio público frente a las cámaras de televisión y presentara una denuncia contra el Estado de Japón en los tribunales de Tokio. Su relató conmovió al mundo, activó la discusión y generó la creación de varias organizaciones en defensa de estas mujeres. En la actualidad, existen organizaciones de apoyo a estas víctimas no sólo en los países afectados directamente por la red de esclavitud sexual de la armada imperial de Japón durante la guerra, sino también en Estados Unidos, Inglaterra, Canadá y Australia donde las comunidades de migrantes coreanos han decidido colaborar en la lucha.
A más de 27 años del primer testimonio público, Japón ha demostrado poco interés en resolver la cuestión dado sólo unas pocas respuestas insatisfactorias. En 1992, el por entonces primer ministro, Miyizawa Kiichi, pidió disculpas en Seúl por las experiencias dolorosas sufridas por las “mujeres de confort”. Ese mismo año, se publicó el Informe Kato en el cual el estado japonés reconocí que “las mujeres fueron forzadas en contra de su voluntad, es decir, por medio de la coerción y la coacción”. Con la llegada al poder del Partido Socialista, Tomiichi Murayama propuso la creación de un Fondo de Mujeres Asiáticas (여성을 위한 아시아 평화 국민 기금) para saldar las deuda del pasado. Este Fondo ofrecía a víctimas de algunos países una compensación económica, asistencia médica y una carta de disculpas. El Fondo fue fuertemente rechazado por las organizaciones de Corea del Sur dado que esta propuesta no obligaba a Japón a hacer justicia por lo ocurrido. En aquel momento, el gobierno surcoreano demostró un fuerte compromiso con las “mujeres de confort” y les dio una compensación económica, estipendio mensual y seguro médico.

A pesar de la indiferencia de los gobiernos de Japón, 정대협 y 나눔의집 han trabajado incansablemente para darle bienestar a las víctimas, educar a la población coreana sobre lo ocurrido, dar a conocer el tema al mundo, construir memoriales conmemorativos y consolidar una red trasnacional de organizaciones que defienden a todas las “mujeres de confort” y exigen a Japón que se rectifique no sólo ofreciendo dinero sino también, y fundamentalmente, aplicando una política coherente de memoria y justicia. Desde el 8 de enero de 1992, el 정대협 organiza una marcha todos los miércoles a las 12 del mediodía frente a la embajada de Japón en Seúl (수요 집회). Al comienzo sólo participaban algunas víctimas, grupos religiosos (cristianos y budistas) y organizaciones sociales. En la actualidad un centenar de jóvenes se congrega cada miércoles junto a esas organizaciones para pedir verdad, justicia y dignificar la vida de estas mujeres. El 14 de diciembre de 2011, cuando se cumplió la marcha número 1000, una pareja de artista coreana, Kim Seokyung(김서경), Kim Unseung(김운성) donó una estatua (평화의 소녀상) que se encuentra frente a la embajada en el lugar donde se hacen las protestas. Hoy, réplicas de ese monumento se encuentran en distintos lugares de la península además de Estados Unidos, Alemania y China.

En diciembre de 2015, los gobiernos de Park Geun Hyen y Shinzo Abe firmaron un acuerdo para resolver la cuestión. Ni las víctimas ni las organizaciones sociales habían sido tenidas en cuenta durante las negociaciones del Acuerdo que no contemplaba sus reclamos. Sin embargo, desde la llegada de Moon a la presidencia se está renegociando el acuerdo. Hoy el gobierno, las víctimas y las organizaciones sociales coinciden en la importancia de mantener viva la memoria. Por eso, las marchas de los días miércoles continúan y cada vez más turistas, extranjeros y estudiantes coreanos se acercan a las protestas y visitan los museos conmemorativos - 전쟁과여성인권박물관 y 일본군 "위안부" 역사박물관- .

Cuando terminaba mi entrevista a la 할머니, ella me agarró del brazo y sin recordar muy bien ni mi nombre ni a qué me dedicaba, me dijo “Contale a todos en Argentina los que nos pasó porque Japón parece estar esperando que nos muramos. Pero nuestra historia no va a morir”. 


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